sábado, 30 de octubre de 2010

CUANDO UN PRÍNCIPE HONRA A UN COMUNISTA

Cuando un Príncipe de Asturias honra los restos mortales de un comunista, los millones de españoles que trabajaron por una España democrática, sienten que no desperdiciaron su vida.
La mirada apenada, la corona enviada (a la izquierda), el abrazo sentido con la viuda... un montón de detalles que muestran el respeto que siente el Príncipe de Asturias por un obrero metalúrgico que dedicó su vida a defender los derechos de los trabajadores de su país a cambio de cárcel, necesidad y miedo.
No es para menos.
El príncipe es consciente de que ha muerto uno de los hombres más positivamente influyentes en la historia de España. Hoy es un buen día para que paniaguados, tontos útiles de la izquierda y tertulianos neconservadores fascistoides, recuerden los principios de las Comisiones Obreras que creó este hombre: Las Comisiones Obreras en las que entraron los curas, los beatos de las Hermandades del Trabajo y los falangistas que aún creían en la revolución pendiente para trabajar hombro con hombro con los comunistas que querían transformar España. La Transición fue posible porque Marcelino Camacho ya nos había acostumbrado, con su bonhomía y paciencia, a que en España las ideologías eran menos importantes que construir una sociedad donde se repartiera la riqueza con justicia y para todos. Esa fué su ideología auténtica.
Hoy, algún viejo policía recordará haber visto a su madre llevándole compra a la mujer de Marcelino mientras éste estaba en la carcel.

Nunca quiso Marcelino nada para él, nunca superó la incomodidad de tener un chófer, nunca sintió la necesidad de comprar un jersey mejor que el tejido por su mujer, que tan buen servicio le hacía en las galerías carcelarias. Nunca quiso un título más grande que el de ser: "Compañero del metal".
Trepas y arribistas le dieron la patada para un lado porque él no comprendía sus ganas de medrar y mangonear, de someterse al poder del PSOE. Él prefirió marcharse y callar, volver a la cárcel interior del silencio, antes que inclinarse a los mandamases y la prebenda, como Santiago Carrillo.

Hoy, cuatro millones y medio de parados españoles nos hemos quedado huérfanos. No olvidemos su última enseñanza, su último mensaje contra los enemigos de los trabajadores. Ya sean Tirios o Troyanos:

"NI NOS DOMARON, NI NOS DOBLARON, NI NOS VAN A DOMESTICAR."

No hay comentarios:

Publicar un comentario